Todavía tú.

Todavía guardo canciones con tu nombre y dos tres fotografías entre las páginas de mi diario; todavía guardo una gota de esperanza, está bajo la coraza que un día me forjé con nuestras mil despedidas, con los «te quiero» que nunca nos dijimos.

Todavía te pienso antes de dormir y me acuerdo de todas aquellas noches que soñé contigo y mis ganas de ser amanecer entre tus brazos un día cualquiera. Sí, y aún me muero de ganas porque suceda.

Todavía, todavía tantas cosas contigo porque nunca nos fuimos del todo, porque siempre habrá algo que nos una así estemos a mil kilómetros de distancia. Y mil no es nada si lo medimos en horas pero es mucho si pensamos en segundos.

Todavía tengo aquellas historias en papel que nos escribimos un día, una página en blanco ansiosa por tus letras, todavía, todavía tú aquí, en cada rincón de mis cinco sentidos, no se si reír o llorar porque estas y no estas, pero saberte cerca puede ser suficiente.

Todavía me recuerdo contigo en aquel café, es como si hubiese sido ayer aquella tarde de inverno donde quedo grabado tu nombre en mis letras, en mis labios, tus manos sobre mis manos y yo cuidando la puerta para que no entraras pero olvidé las grietas y te colaste por cada una de ellas a mi corazón herido.

Todavía quiero recorrer el mundo contigo, huir si es contigo, a esa ciudad que nos llamó infinitas veces, a esa playa que nos quería en su orilla, a esas ruinas que tienen historia, así como nosotros. A ese atardecer.

Todavía, tú. Mis ganas de entregarme por completo, de amar sin medida y sin miedos. Todavía, esa constante de ti, si tú quisieras…

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Amanecer(es).

Amanecer: Comienzo y final al mismo tiempo. Ese instante que dice que se acabó la noche aunque yo siga soñando. Ese instante que dice que inicia un nuevo día colmado de oportunidades.

Cuando me preguntan qué hago despierta un Domingo a las 6.45 a.m. la respuesta está de más, tengo una imagen grabada en mi memoria que algunas veces lleva tu nombre. Si, a las 6:45 de esta mañana no hacía más que perderme en esos rayos de sol. En el comienzo que surge al oriente de esta triste ventana que no tiene vista al mar pero donde siempre amanece y el sol se cuela por todos los rincones de la habitación y donde hoy se nos coló hasta debajo de la piel. Es fuego quemando desde adentro y no estás tú. En mi colección de amaneceres, la vida aún no me ha regalado uno contigo y muero, muero un poquito. Me faltas.

He visto cientos de amaneceres, en todos los colores e incluso los días nublados. Imagínate al sol detrás de esas nubes grises sonriendo para alguien más. Qué grandiosa es la Vida.

Yo, a veces me imagino contigo. Atados a un rayo de sol.

1 de Enero 2018.

Le damos vuelta al calendario, cuerda al reloj y continuamos.

Que termina un año y que comienza otro, al final de cuentas seguimos en el camino, tal vez un poco distintos a lo que éramos ayer, pero seguimos aquí, con la vida entre las manos.

¿Le damos la bienvenida a un nuevo año, nos llenamos de propósitos y sueños por cumplir, de promesas, pero realmente que esperamos de este nuevo año o, mejor dicho, que estamos dispuestos a dar?

Yo hoy no espero nada y si voy a darlo todo; no haré promesas, pero si cumpliré sueños; no dejaré pasar las oportunidades y viviré cada día como si fuese el último, porque si algo aprendí en años anteriores es que la vida a veces nos dura un segundo.

Yo no quiero comienzos, no hoy, hoy sólo busco la continuidad de aquello que dejé empezado, olvidado en algún rincón o en un bolsillo; hoy solo quiero compartirme con aquellos que amo, mi familia, el motor de mi vida; mis amigos, los que siempre están.

Dos mil dieciocho, un año más, uno menos; otro año que nos espera, tan mío como tuyo, Vida; y prepárate, que voy a darte guerra porque aún no sé rendirme.

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Que sea lo que sea este año;

invierno en marzo, primavera en

mayo; noches enteras, días a medias,

lunas y soles y miles de estrellas.

 

Que sea la vida quien nos mueva,

que el reloj siempre de vuelta,

que si un día se detiene haya quien

le de cuerda, que la mecánica no se

detenga y gire siempre a la derecha.

 

Que vuele el verano y la brisa se

cuele por las grietas, que crezcan flores

en sus ojos y cierren heridas abiertas,

que se curen corazones rotos y

el invierno no toque puertas.

 

Que sea lo que sea este año;

buenos días o malos ratos, pero siempre

con la frente en alto y el amor como

bandera, la esperanza una luz violeta.

Jamás te dejé, sabes.

Jamás te dejé y jamás te dejaría, no por gusto y menos a tu suerte, solo, angustiado, desesperado.

Que te suene exagerado, ridículo, sentimental, no me importa; no te imaginas cuan abatida me vi al momento que me decían que tenías que quedarte ahí, atado a la vida artificial que ofrecen los hospitales, qué inhumanos, mientras uno en esas malditas salas de espera sin saber nada, absolutamente nada.

Tuve que marcharme con todas las ganas de quedarme, de ser yo quien cuidara de ti, pero tenía que salir y buscar el aire que me faltaba, pensar en cómo ayudarte porque en el fondo sabía que ahí sentada no podía hacer nada más que esperar; y esperar es una forma de perder el tiempo y a estas alturas y en estas circunstancias, tú lo necesitabas todo.

Me fui imaginando la escena, personas hurgando en tu sangre y en tu cuerpo como si fuese cualquier cosa, algo simple; me fui sintiendo tú dolor y el dolor de otros que al igual que tú, al igual que yo, no saben que sucede con el resto.

Han pasado ya algunos días, mismos que no me han dejado verte, pero aquí estoy sabes, no hay día que no pregunte por ti, que no llame o venga con la esperanza de verte, aquí estoy, tras la puerta esperándote para juntos ver de nuevo el sol, porque para mí también han sido días grises, me haces falta, tu sonrisa me hace falta, tú por completo me haces falta.

Sin ti nada es igual, los días pasan lento y siento la nostalgia cada que paso y veo tu lugar vacío, cada que alguien pregunta por ti. Hoy me han contado que te encuentras bien, pero yo quiero oírlo de ti, quiero verlo y comprobarlo con mis ojos, ¿hasta cuándo?, saberte bien no me basta, he sido paciente hasta ahora, pero me gana la maldita ansiedad que provoca que tu ausencia.

Ya, dile que sí a la vida una vez más, el amanecer está por llegar y quiero verlo contigo.

Juro que tú, no me vuelves a pasar.

Esa costumbre tuya de irte así sin decir nada, esa puta despedida postergada… una vez más.

Otra vez has cogido tus maletas y has decidido marcharte, anda yo no soy quien, para detenerte, pero esta vez recuerda: si un día vuelves no me busques que ya no estaré, no para ti.

Ya no creeré más en tus palabras y empezaré por confiar más en tu silencio, ese que siempre ha dicho tanto y hasta hoy yo no había querido escuchar, vete, ya, corre que se te hace tarde y la vida no espera, aunque yo lo haya hecho demasiado, vete y de mi olvídate, por favor.

No quiero más mensajes en mi contestador preguntando como estoy ni quiero saber tampoco como estas tú, ya no me duelas más que ha sido suficiente.

Márchate de una vez y que sea para siempre.

Yo me quedo, con todo este amor en la sonrisa y las ganas de detenerte en mis manos, no he de cerrar la puerta porque quiero un viento fuerte que entre y se lleve todo, tu aroma, tu voz, tu recuerdo.

Y aunque después me taladren los susurros de los fantasmas preguntándose por ti, los ecos grabados en las grietas de esas viejas paredes que llamamos hogar, aunque me invada un insomnio tres días a la semana ya no quiero que regreses.

Juro que tú, no me vuelves a pasar.

 

Te he visto marcharte cientos de veces,

las mismas que te he visto regresar,

hoy cierro mis ojos para no verte más;

abro mis brazos, no en señal de espera

sino todo lo contrario, para soltar.

 

Te he visto morderte las ganas y

decir siempre algún día y esperar,

hoy te dejo el olvido con mi nombre

y toda la distancia vestida de mar.

 

Te he visto esconderte detrás de tus

miedos, sonreír cabizbajo al caminar,

te he visto a lo lejos volverte desierto

y convertirte en piedra de tropezar,

pero juro que tú, no me vuelves a pasar

La delgada línea que separa el celebrar la vida o celebrar la muerte, lleva tu nombre.

Estoy a punto de cruzar la línea, esa que divide el fin del comienzo, pero no sé qué lado es el comienzo ni cuál es el fin, puede ser ambos. El punto es que hoy estoy aquí.

He caminado tanto tiempo y tantos caminos distintos, he volado cielos en todos los colores y navegado mares hasta diferentes puertos; aun no quiero ser ancla porque siempre vuelvo, a donde comencé, a donde partí, ese es mi punto de salida hacia el mundo, yo le llamo hogar, pero es un árbol, uno que se volvió papel, pero no llegó a libro.

Estoy al borde de un precipicio, la vista es increíble y quiero saltar, quiero volar de nuevo, contigo, Vida, anda tómate el corazón y sujétalo fuerte que en esta aventura nos lo llevamos, nunca más vuelvo a hacer algo sin el corazón en la mano, anda vamos a darlo todo, a vaciarnos y llenarnos. Es lo que nos hace falta vida.

Estoy al final de un callejón donde la única salida es el lado oscuro de la luna, no me asusta la oscuridad, ya no, nunca más. Hoy vamos a bailar hasta desgastar los zapatos, a reír hasta que duela, hacer el amor en último vagón, a caminar descalzos sobre las piedras, aventurarnos mar adentro sin salvavidas, venga, vamos que la Vida es hoy, que todo es hoy o nunca.

 

Hoy voy a celebrar los

inviernos que han pasado,

a deshojar las primaveras,

hacer esperar al verano,

hacer del otoño una tormenta

voy a celebrar mi vida y tu muerte

como tributo al amor que me

dejaste en la alacena.

Hoy voy a celebrar que el

tiempo avanza a toda prisa,

que las farolas se encienden

al caer la noche de ti vestida,

voy a celebrar sin motivos,

que la vida no los necesita

y yo tampoco, ven amor,

que la delgada línea que separa

el celebrar la vida o celebrar la

muerte, lleva tu nombre.

Porqué el amor lo es todo siempre y muchas veces es nada.

He visto todas las marcas que cubren mi cuerpo, desde los raspones es las rodillas por aquellos saltos de alegría cuando niña hasta las cicatrices de aquella enfermedad que llega al corazón.

No sé qué es el Amor, si es un objeto, si es un alguien, si es la nada disfrazada de un todo, no lo sé. A veces llega de una forma y luego en otra y dicen que a simple vista no se reconoce. Un día tocó mi puerta, traía unos ojos negros como la noche y el café de mis mañanas, una sonrisa que brillaba como sol a medio día, ese día el amor era un alguien. Y llegó, sé instalo en mis adentros, creció y un día sin pensarlo se marchó. No era el verdadero Amor, decían y, ¿yo cómo iba a saberlo?

Después de un tiempo, llegó vestido de lluvia en pleno verano, era tan divertido, pero tampoco se quedó para siempre. –Si la lluvia fuera eterna no habría nunca más primavera porque esta necesita del sol para florecer, ¿Y nadie quiere quedarse sin primavera verdad? –, dijo.

El Amor es impredecible, es la única cosa – si es que es una cosa – que llega sin avisar y así mismo se va. Es único, no siempre llega de la misma manera, siempre es otro después de otro. Y aunque no quieras creer en su existencia terminas cediendo ante la duda y caes rendida al Amor cada que aparece ante tu puerta. Siempre. Todo el tiempo.

Porqué el amor lo es todo siempre y muchas veces es nada.